De un mismo manantial no puede brotar a la vez agua dulce y agua amarga. Santiago 3 :11
Cuando Dios hizo al hombre le doto de un enorme don: el habla. Los seres humanos tenemos la forma de comunicación más completa y precisa que hay; aunque, no siempre la utilizamos correctamente. Nuestras palabras tienen gran poder, para bendición o para maldición.
Por ejemplo, los padres son capaces de impulsar, motivar y construir en sus hijos o por el contrario de desalentarles, herirles y liquidar sus sueños; todo por medio de las palabras. Lo que se dice es clave, porque van desarrollando su autoestima y carácter. En palabras de un gran pastor: Las palabras crean mundos.
Debemos hablar lo que edifica y cuidarnos de criticar y menospreciar a otros. Que nuestra boca sea una fuente de agua dulce, palabras de bendición y prosperidad, palabras llenas de fe para levantar y edificar a otros.
Bendiciones