Una voz dijo: «¡Grita!». Y yo pregunté: «¿Qué debo gritar?». «Grita que los seres humanos son como la hierba. Su belleza se desvanece tan rápido como las flores en un campo. La hierba se seca y las flores se marchitan bajo el aliento del Señor. Y así sucede también con los seres humanos. La hierba se seca y las flores se marchitan, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre». Isaías 40:6 – 8
Cuántas veces no nos olvidamos que la belleza, nuestra apariencia es solo pasajera, que eso pasa, que se marchita. Invertimos tanto tiempo y esfuerzo en ser bellos. Las mujeres con maquillaje, crema, ropa, ejercicio y esto y aquello. Los hombres también se arreglan, hacen ejercicio, levantan pesas, se visten bien, etc. Cada ser humano busca de alguna forma verse bien, ser atractivo. Por esa preocupación las cirugías estéticas se han vuelto de moda y hacemos de todo por mantener esa belleza. Pero tarde o temprano se va, como dice la Biblia, eso es parte de la vida. El ser humano se marchita como la hierba. Entonces invertir tanto en eso no vale la pena, pero hay algo que si permanece, algo que no cambia. Y es la palabra de Dios y El mismo. Es un lugar seguro, algo que nunca cambiará, que no nos decepcionará. En vez de enfocarnos tanto en nuestro exterior, enfoquémonos en Dios y en agradarlo a El. Eso si vale la pena y es permanente.
Escrito por: Rebekka Otremba